1. Me llamo Salma W. Ferrari

desenamorarse-blog-me-llamo-salma-ferrari

1. Me llamo Salma W. Ferrari

 

Me llamo Salma Wallis Ferrari y soy terapeuta del desamor y la autora del libro “Desenamorarse es fácil, si sabes cómo”.

 

Mi vida cambió el otoño de 2004. Recuerdo cada detalle de esa tarde lluviosa; el estallido de las gotas contra el porche que me cubría; el olor a lujo del Vogue que ojeaba; el tintineo de los cubitos de hielo de mi gintonic solitario. Aquella tarde las horas pasaban lentamente y yo no sabía que mi vida estaba a punto de cambiar.

 

Fue entonces cuando Henry, mi segundo ex marido, me telefoneó y me dio una sorprendente noticia: había descubierto en Uruk unas tablas antiquísimas con poemas sumerios. Y si aquel hallazgo encumbró a Henry como el arqueólogo británico de mayor prestigio, a mí me convirtió en una revolucionaria del desamor.

 

¿Pero qué contenían esas tablas para haber armado tal follón existencial? Bueno, pues en ellas había escrito el poema de desamor más antiguo que conoce la humanidad. Según Henry, las tablas eran de ahí por el año 2.000 a.C. Según los desencriptólogos, contaban el vaivén sentimental de la reina Inanna y Dumuzi, su esposo pastor.

 

Intentaré abreviar porque la historia es larga. Verás: a orillas del río Éufrates, en la Antigua Babilonia, vivía Inanna, la Diosa del Cielo, de la Fertilidad y del Amor. De hecho, Inanna es la diosa a la que más tarde unos u otros llamarían Ishtar, Afrodita o Venus. Pero vaya tú por dónde que, pese a su pedigrí divino, la diosa Inanna se casó con un pelacañas cualquiera. ¿Te vas sintiendo identificada? Bien, prosigo. El hecho es que, igual como tú vives tus más y tus menos con tus jefes, Inanna también tenía sus rifirrafes con los dioses. Y como una no puede ser protestona con los mandamás, un día los dioses la enviaron al infierno con los muertos, un lugar nada agradable donde fue víctima de numerosas perrerías que te ahorro leer. La cuestión es que, cuando Inanna consiguió resucitar y volvió a la tierra para recuperar su reinado y su esposo, tuvo el mayor chasco de su trayectoria sentimental. En vez de encontrar al pastor Dumuzi con el alma destrozada, vestido de luto y llorando su duelo como hacían los demás, lo descubrió dándose la vida padre, vestido de rey, con el trasero enganchado al trono y tocando la flauta. Seguro que sabes bien cómo se sintió Inanna. ¿Cuántas veces tú, tras una dura jornada de trabajo en la que has soportado las fechorías de tus jefes, vuelves a tu hogar en busca de cobijo y comprensión, y tu hombre no está porque le toca fútbol y pub con los amigotes? Ahora dime, ¿a dónde lo enviarías entonces? Exacto. Pues nuestra Inanna todavía fue más lejos que tú. Ella lo envió a los infiernos, es decir, se lo cargó.

 

Tal vez ahora entiendas de qué manera, conocer la historia de la poderosa Inanna me hizo abrir los ojos. Descubrí que el desamor es un sentimiento milenario. Y también, que todas las mujeres llevamos una Inanna dentro: una diosa de la destrucción y de la creación.

 

Pero entonces, ¿por qué tantas mujeres no saben cómo cortar con el pastor pelacañas de turno? ¿Será que esa diosa interior está dormida? ¿Y si la despertamos transmitiéndonos las unas a las otras el savoir faire sentimental? Querida, yo un día tomé una decisión: romper con el pasado y con Henry, abandonar las comodidades bajo el porche y dedicar mi vida a la investigación y a la cura del desamor. Esa decisión me ha conducido hasta ti. Así como otros hombres y mujeres han compartido su conocimiento conmigo, yo ahora quiero hacer lo propio contigo.

 

Love,

 

Salma.

 

Tags: